jueves, 22 de junio de 2006

Círculo del adiós

Gustavo Guerrero, Círculo del adiós
y otros textos. Pre-textos, Valencia, 2006

Compro el último libro de poemas de Gustavo Guerrero, Círculo del adiós, y su propio título ya me cautiva y me acerca, como imantado, a su centro para, desde él, comenzar a girar en el baile de las coincidencias. El libro está dedicado a Eugenio Montejo y a Andrés Sánchez Robayna, a quienes Guerrero considera "amigos, maestros", "en las dos orillas".
 Yo he tenido la suerte de ser partícipe fugaz de esa amistad, de ese magisterio. Primero, aquel verano en el que Gustavo Guerrero pasó unos días en Tenerife y coincidimos en casa de A.Mi querido amigo Paco León acababa de publicar mi plaquette Once poemas y les entregué un ejemplar a cada uno. Más tarde, en El Escorial, y esta vez, además, con Eugenio Montejo, el poeta del hablar mesurado, melodioso como "el canto del boyero". ¡Disfruté tanto con las palabras de Montejo en aquel encuentro!
Otro vuelta en el círculo de las casualidades hizo que encontrara al día siguiente a los dos poetas venezolanos comprando discos en Madrid. Mi timidez hizo que me escondiera protegido tras la sección de discos de Caetano Veloso. (¿Cuándo cambiaré esa actitud mía siempre huidiza?) . Al verano siguiente viajé a Islandia y desde allí le envié a Montejo una postal para hacerle saber que lo recordaba en aquella isla que él evoca en un poema hermosísimo. Con la primera sección del libro, Círculo del adiós (Prosas), G. Guerrero ha logrado remover en mi interior muchos sentimientos que creía tener superados en torno a mi separación de C. El recuerdo de esos diez años de mi vida vuelve ahora
como un demonio o un ángel que redujera nuestras vidas a cenizas y nos entregara en un cofrecillo, junto a los hilos rotos de nuestra memoria, el polvo de un erial donde sólo brilla la espiga amarga de las cosechas perdidas. 
¿Cuándo se cerrará, al fin, el círculo del adiós?