lunes, 7 de septiembre de 2009

De autómatas

En estas últimas semanas (hablo del mes de junio) he ido degustando poco a poco los textos que Sonia Bueno Gómez-Tejedor y Marta Peirano han seleccionado para la antología El rival de Prometeo. Vidas de autómatas ilustres, que la editorial Impedimenta ha editado en su nueva colección “El panteón portátil”. Del buen gusto y acertado hacer de Marta Peirano ya tenía conocimiento por su blog, pero esta nueva faceta de exquisita antóloga de textos en torno a seres autómatas, androides y otros seres-máquina, le otorgan otro grado más de confianza. Casi al mismo tiempo que iniciaba la lectura de este libro, Karina Beltrán me entrega una copia del artículo que Goretti Ramírez —ahora tan lejana, allá en la Concordia University, ¡a ver si pronto la vemos de nuevo por la isla!— le dedica a su obra en la revista España contemporánea. En el estudio, titulado “Arquitecturas y apariciones en la obra de Karina Beltrán”, Goretti hace, con su reconocida agudeza intelectual, una interpretación de la obra de Karina a la luz del concepto freudiano de unheimlich. El texto de Freud también se recoge en esta antología, aunque algo fragmentado, bajo el título Lo siniestro (1919).El término unheimlich en alemán es el antónimo de heimlich; esto es, en esencia, lo unheimlich, si bien no es una voz unívoca, viene a ser ese elemento desconocido, perturbador, que se presenta de manera inesperada en el ámbito de lo conocido, lo familiar. Freud analiza en su estudio otro texto también recogido en esta antología, El hombre de la arena, de E.T.A. Hoffmann. (Karina Beltrán: de la serie Apariciones-Lauderette) Aunque no es el motivo central del relato, la hermosa y espectral Olimpia cautiva a Nathanael por su mirada gélida, distante:
“podría pasar por bella si su mirada no pareciera sin vida”; “Es normal que a vosotros —dice Nathanael—, que sois almas simples y prosaicas, Olimpia os parezca un ser inquietante, pues sólo las almas poéticas están destinadas a encontrarse con sus iguales”.
Es justamente eso lo que podríamos pensar cuando nos enfrentamos a muchas de las fotografías que Karina Beltrán realiza: imágenes de seres aparentemente fríos, distantes, espectrales, de mirada perdida, a quienes sólo tienen acceso esas otras “almas poéticas destinadas a encontrarse con sus iguales”. Imagino que también lo conocen, pero las dos antólogas, por cuestiones de espacio tal vez, no han incluído la reseña sobre autómatas que Italo Calvino recogió en su selección de textos —que da nombre a este blog— Colección de arena.(Ediciones Siruela, trad. de Aurora Bernárdez, 1998). El texto en cuestión, titulado “Las aventuras de tres relojeros y de tres autómatas” da cuenta de “un insólito volumen iconográfico publicado por R.M. Ricci sobre los “Androides de Neuchâtel (Androidi, le meraviglie meccaniche dei celebri Jacquet-Droz, con textos de Roland Carrera y Dominique Loiseau , Franco Maria Ricci, editor.)” y en él Calvino nos relata los avatares tanto de los tres relojeros creadores como de sus criaturas: el escribiente, el dibujante y la clavecinista. Cuando se acercaba ya el final de mi lectura de esta antología sobre autómatas, recordé que mi amiga Mónica Salomone había publicado en la revista El país semanal un reportaje titulado "Homo biónicus, la próxima evolución". Aquí la preocupación es otra: damos un salto cualitativo para descubrir los últimos avances científicos en torno a todos los periféricos, prótesis, implantes y otros artilugios que un cerebro humano puede controlar, hasta al punto de convertirnos en una suerte de cyborgs: ojos biónicos, marcapasos cerebrales, implantes musculares, prótesis en el hipocampo para mejorar la memoria... En fin... para seguir siendo rivales de Prometeo.