viernes, 25 de diciembre de 2009

La Miranda, Melchor y el cuento de la Navidad

Como cada semana, el poeta Vicente Valero nos ofrece un nuevo número del suplemento La Miranda, que se publica cada viernes en el Diario de Ibiza. Esta vez está dedicado a los cuentos de Navidad. Me ha gustado la forma en que ha titulado el monográfico: “el cuento de la Navidad”, que no oculta cierta crítica socarrona a este estúpido período festivo. Valero nos entrega además uno de esos textos a los que ya nos tiene felizmente acostumbrados desde que leímos su Diario de un acercamiento. En esta ocasión a la manera de Claudio Magris en El Danubio, nos lleva de su mano hasta Passau, donde confluyen tres ríos: el Danubio, el Inn y el Ilz; y allí evoca la figura de Adalbert Stifter. Momentos después, me encuentro con este comentario de mi amigo Melchor en su Facebook:
Escribe Agustina Bessa- Luís en un artículo titulado "El Misterio": "(...) el bárbaro mito en que se ha convertido la Navidad, con el trueque de regalos entre las tribus y el sacrificio del décimo tercer mes a los dioses superpopulares, electrodoméstiscos y demás. (...) Pero más allá de esa cantata de máquina registradora, y de la hecatombe de las aves, y de los arreglos florales con cardos secos y un petrificado diseño de viejas hortensias que se toman de la perversión mineral de los Ramsés de oro y basalto- más allá de todo eso, la Navidad es todavía un niño."

domingo, 20 de diciembre de 2009

Girls (para jugar una tarde de domingo)

viernes, 18 de diciembre de 2009

En la muerte de Albert Ràfols-Casamada

Poco puedo decir hoy ante la muerte de Ràfols-Casamada. Dejaré únicamente que los vientos que hoy azotan la isla tracen en el lienzo de los cielos, al azar o bajo el signo de la celosa práctica de sus fuerzas, todos los signos que poblaron su vida, que han poblado nuestras vidas. Cuando muere un artista se enfurecen los dioses, porque han perdido a otro de sus guardianes entre la humanidad mortal e indefensa.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Entre los meandros de Julien Gracq

El escurridizo y enigmático escritor francés Julien Gracq comienza a estar, de un tiempo a esta parte, entre mis autores dilectos. A partir de mi lectura de El mar de las Sirtes, el interés ha ido en aumento y, como no podía ser de otro modo, he ido decantándome por el espacio de su escritura que me resulta más cercano: el de los textos breves, en los que condensa sus visiones impresionistas y apropiadoras del paisaje en diálogo con su visionaria poética personal. Tras la lectura de El mar de las Sirtes, descubrí que la editorial El Acantilado acababa de sacar sus magníficos Carnets de grand chemin, traducidos como A lo largo del camino. Más adelante, el azar dadivoso puso ante mis ojos, en una libreria de Barcelona, el pequeño cuaderno Las aguas estrechas, con traducción y epílogo de Loreto Casado, y pude seguir navegando entre sus meandros. Y ahora me topo con otro de sus diminutos pero explosivos artefactos literarios: La literatura como bluff. Se entiende por qué la editorial Nortesur publica ahora este libelo: las consideraciones que de la literatura francesa hace Gracq en el año 1950 son una anticipación --un flashforword, para los televidentes de Cuatro-- del panorama cultural que hoy vivimos. ¿No es acaso una visión anticipatoria de nuestra situación actual este extracto del librito de Gracq?:
Parece ser, por desgracia, que el caso de Hiroshima haya acabado para siempre, más que con una ciudad entre cientos de ciudades, con esos últimos paladines de la común medida y haya dejado expedito el camino, más que a una tiranía material mundial a una era de esclavitud consentida de la mente. Algo se ha derrumbado, algo que no era ni paredes de madera ni tabiques de papel: el público, acorralado hasta sus ultimas defensas,capituló de golpe ante la idea cegadora de una distancia en adelante sideral, infranqueable, entre lo que alcanza la vista y elcómo de un fenómeno, abdicó de golpede sus últimos poderes para comprobar y controlar y se repuso de ello, resignado ya a vivir en la fábula grisácea y cotidiana en que vive un animal doméstico, a coger humildemente lo que le pongan en la mano sin buscarle razones.

martes, 1 de diciembre de 2009

Roberto Juarroz en horizontal

Roberto Juarroz publicó todos sus libros de poesía bajo el membrete de Poesía vertical, pero yo, en mis últimas lecturas del poeta me he empeñado en llevármelo a la posición horizontal, esto es, lo he leído calmadamente, tumbado en la cama, y esa horizontalidad parece haberme ayudado a descubrir algo, cuando menos, curioso: si leemos los poemas de Juarroz en horizontal, es decir, no sólo tumbados en la cama, sino leyendo los poemas "horizontalmente", se descubre con facilidad que el poeta argentino va dejando caer, en los versos finales de sus poemas, auténticos aforismos poéticos como pequeñas semillas en la linealidad de los surcos. Imágenes y sentencias que cierran sus ya perfectas construcciones verbales. He aquí algunas:

El fondo de las cosas no es la muerte o la vida.

El fondo es otra cosa

que alguna vez sale a la orilla.

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Ya he dejado de orar.

Voy a buscar ahora las espaldas de dios.

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Tal vez sea por esto

que pensar en un hombre

se parece a salvarlo.

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Porque el amor es simplemente eso:

la forma del comienzo

tercamente escondida

detrás de los finales.

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La desnudez es anterior al cuerpo.

Y el cuerpo algunas veces lo recuerda.

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La palabra es el único pájaro

que puede ser igual a su ausencia.