jueves, 18 de febrero de 2010

A través del bosque / Enciclopedia de los muertos

Rodney Graham: Rheinmetall / Victoria 8, 2003 (detalle)
Tres estupendos, aunque fríos, días en Barcelona. Al llegar a la ciudad, aún algunos coches conservaban en sus cristales la escarcha que castigó esa noche. La temperatura es baja, pero en realidad yo no siento tanto frío, no sé por qué extraña razón me están protegiendo los cielos de su propia inclemencia. En Barcelona hemos visto dos exposiciones en el Macba: la de Rodney Graham: A través del bosque y la de John Baldessari: Pura belleza. Nos detuvimos especialmente en la del primero. Aunque no tenía mucho conocimiento de la obra de este artista canadiense, muy pronto me sentí atraído por su muestra, en cuanto vi, en el programa de mano, la imagen de su pieza Rheinmetall / Victoria 8 (2003): una antigua máquina de escribir recubierta de un polvo blanco (¿nieve, harina, azúcar?). Una metáfora muy potente, que denota la clarividencia de un artista, de un poeta de la visión, que nos vuelve a recordar la debilidad y la vanalidad de la escritura, de su propia decrepitud, de su silenciamiento inevitable. Rodney Graham se ha sentido muy atraído, a lo largo de su proceso creativo, por el mundo de los libros y por la música. En la exposición pueden verse los distintos proyectos que llevó a cabo con el apoyo de Yves Gevaert, el editor belga que materializaba sus curiosos proyectos editoriales, entre la realidad y la autoficción. Queda aquí perfectamente registrado el proceso de elaboración y diseño de cubiertas para sus extraños libros, los artilugios que creó para poder leer de forma repetitiva las páginas de un libro. Todo parte de un curioso hallazgo: en una edición de la novela Lenz de Georg Büchner, Graham descubre que el sintagma “Through the forest” se repite varias veces justo en el momento en que el lector ha de pasar la página. Esto lo llevó a idear un artilugio que permitiese leer esas cuatro o cinco primeras páginas en forma de bucle infinito. (Ese mismo bucle del azar tal vez haya hecho que estos días se publique una traducción al catalán de la novela de Büchner.)

Rodney Graham: Reading Machine for Lenz.

Algo similar, pero con la música, hizo con algunos fragmentos del Parsifal, que recompuso y rescribió de modo que quienes visitamos la exposición vamos escuchando un fragmento repetido, en forma de loop, de la ópera alemana. La lectura que, casualmente, he estado haciendo estos días es Enciclopedia de los muertos, de Danilo Kiŝ (Editorial Acantilado). Y recorriendo la exposición de Rodney Graham no he podido evitar establecer una curiosa relación entre las creaciones de estos dos artistas. El modo en que Rodney Graham parece querer apresar, custodiar, catalogar, algunos de sus tesoros bibliográficos (diseñó unas estanterías-anaqueles minimalistas pensadas ad hoc para incrustar las obras completas de Freud) me han hecho pensar que él podría haber sido elegido como un hipotético arquitecto-diseñador de la, en apariencia, ficticia y misteriosa Enciclopedia. En este relato, la protagonista se ve misteriosamente encerrada en una biblioteca sueca en la que halla ordenados alfabéticamente, y de forma enfermizamente minuciosa, los volúmenes de una Enciclopedia de los muertos. “Lo que hace de esta enciclopedia algo único en el mundo —aparte de existir un único ejemplar — es la forma en que describe las relaciones humanas, los encuentros, los paisajes, la multitud de detalles que constituyen la vida de un hombre.” La protagonista encuentra en ella los datos minuciosos de la vida de su padre. “El paisaje de su tierra está reflejado de una forma tan viva que al leer, mejor dicho, al mirar por encima las líneas y las imágenes, me sentí inmersa en el corazón de estos parajes: la nieve sobre las cimas lejanas de las montañas, los árboles desnudos, el río helado sobre el cual, como en los paisajes de Bruegel, patinaban unos niños, entre quienes lo distinguí claramente, a él, a mi padre, salvo que entonces todavía no era mi padre...” Este monumento bio-bibliográfico ha sido concebido por una extraña secta que cree que “cada hombre es un astro aparte, todo ocurre siempre o nunca, todo se repite hasta el infinito y de forma irrepetible. (Por eso, los autores de la Enciclopedia de los muertos, este grandioso monumento a la desemejanza, insisten sobre todo lo particular; cada ser humano es para ellos sagrado).” En el post-scriptum de este libro de relatos, Danilo Kiŝ nos da cuenta de otro curioso hallazgo: la persona que tuvo el sueño que dio origen al relato, y a quien Kiŝ se lo dedicó, descubrió tiempo después que ese intento de Enciclopedia de los muertos ya existía en Estados Unidos: se trata de un inmenso “archivo” excavado en forma de cuatro túneles en una montaña de granito en cuyo interior se protegen cientos de miles de microfilmes con la genealogía de personas vivas y muertas. De pronto, me vi imaginándome a Graham como el artífice de esa supuesta montaña de granito en la que incrustar, en su interior vacío, toda una enciclopedia de los muertos. En su serie de polaroids titulada Montserrat, 1995, Rodney Graham nos presenta fotos hechas en la oscuridad a troncos, raíces, piedras, hojas... misteriosas fantasmagorías que acrecientan sus misterios al ser contempladas mientras se escuchan los fragmentos del Parsifal de Wagner, esa música de la transformación que nos sirve de barca en la que atravesar, entre destellos que encandilan —como flashes de vidas pasadas—, la laguna Estigia. Una vez llegados a la otra orilla, todos seremos debidamente “registrados”. A Rodney Graham le llamó la atención que la expresión “Through the forest” se repitiese en el salto de página. La Enciclopedia de los muertos registra —quiero imaginar que tal vez escrita con una vieja máquina de escribir cubierta de nieve—, “la muerte de Steva Bogdanov, un cartógrafo que pisó una mina en el lindero de un bosque”.

martes, 2 de febrero de 2010

Mis dos mundos, de Sergio Chejfec

Sergio Chejfec, Mis dos mundos, Edit. Candaya, Canet de Mar, Barcelona, 2008
Desde el famoso Caminar de Thoreau hasta los inclasificables libros de W.G.Sebald, las obras en las que se reflexiona sobre el caminar, sobre el paseo como proceso de meditación y creación siempre me han atraído como lector. El flâneur de Baudelaire, el paseante de Robert Walser, las acciones de Francis Alÿs en México D.F…. y ahora Mis dos mundos del argentino Sergio Chejfec, a quien seguiré los pasos con interés. Copio aquí algunos fragmentos:

Si bien durante todos mis años disfruté de las caminatas, y lo sigo haciendo hasta el punto de sentirlas como un componente esencial de mi verdadera vida, una costumbre sin la cual no me reconocería a mí mismo, de un tiempo a esta parte caminar se ha ido vaciando de significado. :: [...] conservo del antiguo anhelo el mecanismo básico, una suerte de tic físico y social a la vez, que es la caminata. :: [...] de tanto caminar se me ha reducido la capacidad de admiración o sorpresa. :: En las caminatas una imagen me lleva a un recuerdo, o a varios, que a su vez imponen otras evocaciones y pensamientos conectados, muchas veces azarosos, etc, creando en general delirantes ramificaciones temáticas que me desbordan y dejan exhausto. :: En general, miro bastante hacia abajo cuando camino. El suelo es una de las cosas más reveladoras de la condición del presente; es más elocuente en sus daños, deterioros, desniveles o accidentes de cualquier tipo. [...] Parte de la caminata es una forma de arqueología superficial, que por lo general me resulta sumamente instructiva y en cierto modo conmovedora, porque se trata de considerar indicios modestos, irrelevantes y hasta azarosos, todo lo contrario de la definitiva pertinencia de las observaciones científicas. :: [...] la mujer creyó razonable no hacerme ni caso. Algo en mi forma de hablar seguramente promueve eso; es probable que mi falta de convicción hasta para decir las cosas más obvias, o en las que creo, juegue a veces en contra. :: Porque a veces el recuerdo de lo que se leyó corrige la experiencia concreta, y después la nueva experiencia es, antes que algo físico, la actualización de la lectura. :: Me puse a pensar entonces en la cantidad de tiempo que llevo caminando. Años, décadas. En el caso de vivir demasiado más, podría seguir sumando, porque si de algo estoy seguro es de que nunca dejaré de caminar. :: Pienso ahora que caminé para sentir un tipo específico de ansiedad, que llamaré ansiedad nostálgica, o nostalgia vacía. :: Desde temprano momento me he sentido inepto para albergar cualquier entusiasmo: incapaz de creer en casi nada, o en nada directamente; decepcionado de la política con anticipación; incrédulo ante la cultura juvenilista pese a ser entonces joven; espectador ocioso de la carrera colectiva hacia el dinero y el llamado éxito material; [...] ajeno a los beneficios de procrear y a las posibilidades de continuidad biológica [...] :: Caminar sin hacer nada más. :: Un amigo que por entonces vivía en la ciudad me había advertido que esos cisnes eran grandes devoradores de cualquier cosa que estuviera cerca, incluso la más hedionda y putrefacta. Según su punto de vista, la voracidad de estas aves contradecía la imagen bucólica que se buscaba para el lago.

[Durante mi última estancia en Edimburgo, recuerdo haber comprobado esto al contemplar diariamente —tenía que pasar por él de camino a la casa donde nos alojábamos— el lago en el que vivían los que allí denominan “Cisnes de la Reina”. Entendí entonces por qué la reina los mantiene a tanta distancia] :: [...] Kentridge, el famoso sudafricano cuyos personajes dibujados, en especial uno, por quien tiene una especial inclinación, de nombre Félix, tanto que según parece es su alter ego [...] Kentridge es conocido por sus dibujos animados compuestos con grafito, que cuentan historias de adultos a la manera de los pioneros de la animación. [...] cada vez con mayor frecuencia me siento un personaje de Kentridge, en especial Félix, ese ser errabundo, alguien versátil a la deriva de la historia y al curso de la economía. :: Recordaba también los métodos empíricos de la escuela, en especial los porotos o legumbres similares puestos a germinar, para lo cual usaba un frasco de vidrio y papel secante embebido en agua. Y me decía, al revivir aquello, que a ese tiempo se remontaban mis primeras y casi únicas experiencias de compenetración con lo vegetal; [...]