martes, 2 de febrero de 2010

Mis dos mundos, de Sergio Chejfec

Sergio Chejfec, Mis dos mundos, Edit. Candaya, Canet de Mar, Barcelona, 2008
Desde el famoso Caminar de Thoreau hasta los inclasificables libros de W.G.Sebald, las obras en las que se reflexiona sobre el caminar, sobre el paseo como proceso de meditación y creación siempre me han atraído como lector. El flâneur de Baudelaire, el paseante de Robert Walser, las acciones de Francis Alÿs en México D.F…. y ahora Mis dos mundos del argentino Sergio Chejfec, a quien seguiré los pasos con interés. Copio aquí algunos fragmentos:

Si bien durante todos mis años disfruté de las caminatas, y lo sigo haciendo hasta el punto de sentirlas como un componente esencial de mi verdadera vida, una costumbre sin la cual no me reconocería a mí mismo, de un tiempo a esta parte caminar se ha ido vaciando de significado. :: [...] conservo del antiguo anhelo el mecanismo básico, una suerte de tic físico y social a la vez, que es la caminata. :: [...] de tanto caminar se me ha reducido la capacidad de admiración o sorpresa. :: En las caminatas una imagen me lleva a un recuerdo, o a varios, que a su vez imponen otras evocaciones y pensamientos conectados, muchas veces azarosos, etc, creando en general delirantes ramificaciones temáticas que me desbordan y dejan exhausto. :: En general, miro bastante hacia abajo cuando camino. El suelo es una de las cosas más reveladoras de la condición del presente; es más elocuente en sus daños, deterioros, desniveles o accidentes de cualquier tipo. [...] Parte de la caminata es una forma de arqueología superficial, que por lo general me resulta sumamente instructiva y en cierto modo conmovedora, porque se trata de considerar indicios modestos, irrelevantes y hasta azarosos, todo lo contrario de la definitiva pertinencia de las observaciones científicas. :: [...] la mujer creyó razonable no hacerme ni caso. Algo en mi forma de hablar seguramente promueve eso; es probable que mi falta de convicción hasta para decir las cosas más obvias, o en las que creo, juegue a veces en contra. :: Porque a veces el recuerdo de lo que se leyó corrige la experiencia concreta, y después la nueva experiencia es, antes que algo físico, la actualización de la lectura. :: Me puse a pensar entonces en la cantidad de tiempo que llevo caminando. Años, décadas. En el caso de vivir demasiado más, podría seguir sumando, porque si de algo estoy seguro es de que nunca dejaré de caminar. :: Pienso ahora que caminé para sentir un tipo específico de ansiedad, que llamaré ansiedad nostálgica, o nostalgia vacía. :: Desde temprano momento me he sentido inepto para albergar cualquier entusiasmo: incapaz de creer en casi nada, o en nada directamente; decepcionado de la política con anticipación; incrédulo ante la cultura juvenilista pese a ser entonces joven; espectador ocioso de la carrera colectiva hacia el dinero y el llamado éxito material; [...] ajeno a los beneficios de procrear y a las posibilidades de continuidad biológica [...] :: Caminar sin hacer nada más. :: Un amigo que por entonces vivía en la ciudad me había advertido que esos cisnes eran grandes devoradores de cualquier cosa que estuviera cerca, incluso la más hedionda y putrefacta. Según su punto de vista, la voracidad de estas aves contradecía la imagen bucólica que se buscaba para el lago.

[Durante mi última estancia en Edimburgo, recuerdo haber comprobado esto al contemplar diariamente —tenía que pasar por él de camino a la casa donde nos alojábamos— el lago en el que vivían los que allí denominan “Cisnes de la Reina”. Entendí entonces por qué la reina los mantiene a tanta distancia] :: [...] Kentridge, el famoso sudafricano cuyos personajes dibujados, en especial uno, por quien tiene una especial inclinación, de nombre Félix, tanto que según parece es su alter ego [...] Kentridge es conocido por sus dibujos animados compuestos con grafito, que cuentan historias de adultos a la manera de los pioneros de la animación. [...] cada vez con mayor frecuencia me siento un personaje de Kentridge, en especial Félix, ese ser errabundo, alguien versátil a la deriva de la historia y al curso de la economía. :: Recordaba también los métodos empíricos de la escuela, en especial los porotos o legumbres similares puestos a germinar, para lo cual usaba un frasco de vidrio y papel secante embebido en agua. Y me decía, al revivir aquello, que a ese tiempo se remontaban mis primeras y casi únicas experiencias de compenetración con lo vegetal; [...]

2 Comments:

Blogger ka-be said...

...y " El paseante solitario" homenaje de Sebald a Walser...

Cuando caminamos solos, nuestros pies avanzan, pero, a la vez, desandamos lo andado...

03 febrero, 2010 23:25  
Blogger Régulo Hernández said...

Claro, Ka, y ahora me recuerdas que también me encantaron en su momento las "Ensoñaciones del paseante solitario" de J-J. Rousseau.
Un abrazo hasta tus jardines del frío.

05 febrero, 2010 20:52  

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