jueves, 7 de octubre de 2010

Hacia la vejez

¿Por qué demonios hablo tanto de mi vejez? Desde luego, no por miedo a la muerte, que no me hace sentir ni curiosidad ni miedo. Lo que creo es que mi vida ha sido demasiado corta. Ha estado demasiado llena de sueños que ni anoté ni he retenido. No lamento el no haber disfrutado bastante, lo que sinceramente lamento es no haber fijado ese periodo temporal. Por otra parte, ¡ay si hubiera muchos otros que sintieran lo que yo! ¡Pobre humanidad; qué de autobiografías!
¡Letizia ha crecido, y yo no conservo de su primera infancia más que pálidas fotografías!Todo a mi alrededor muere cada día en el olvido porque yo estoy estático mirando, trastornado por un mundo de gente que me grita al oído. Mi Livia tenía veinte años, y ahora ya tiene los treinta y uno cumplidos. Me parece como si hubiera tenido siempre esta edad. Y si llego a la edad caduca, todos nosotros habremos sido siempre viejos. (10-1- 1906)
Italo Svevo, "Diario del descontento, 1889-1927", en El descontento, Cuatro ediciones, Trad. de Luisa Juanatey, Valladolid, 2008. (p. 31)

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1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

También C.Kavafis, contemporáneo de este autor,tiene un poema que al leer esta reflexión me lo ha recordado:

VELAS

Frente a nosotros,
como una fila de velas encendidas,
-radiantes, cálidas y vivas-
están los días del futuro.
Los días del pasado son
esas velas apagadas.
Las más cercanas todavía humeantes,
las más lejanas encorvadas, frías,
derretidas.
No quiero verlas. Me entristece
recordar su brillo.
Frente a mí miro las velas encendidas.
No quiero mirar hacia atrás y asustarme:
cuán rápido la negra fila avanza,
cuán rápido las velas apagadas crecen.
100Poemas.Canónicos
(1895-1915)

24 octubre, 2010 21:27  

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