lunes, 4 de octubre de 2010

Narciso y Goldmundo

—¿Te explicas, pues, ahora —declaró Goldmundo—, que yo no acierte a comprender cómo puede pensarse sin representaciones? —Tiempo hace que me lo he explicado. Nuestro pensar es un constante abstraer, un apartar la mirada de lo sensorial, un intento de edificar un mundo puramente espiritual. En cambio tú pones todo tu interés en lo mudable y mortal y descubres el sentido del mundo en lo perecedero, te le entregas, y, con tu entrega, se eleva hasta igualarse a lo eterno. Nosotros los pensadores, tratamos de acercarnos a Dios separándolo del mundo. Tú te acercas a él amando su creación y volviéndola a crear. Las dos cosas son obra humana e insuficiente, pero el arte es más inocente. —Yo no sé, Narciso. Pero pareciera que el dominar la vida y el ahuyentar la desesperación os resultase más fácil a vosotros, pensadores y teólogos. Hace tiempo que no envidio ya tu ciencia, amigo mío, pero, en cambio, sí envidio tu serenidad, tu tranquilidad, tu paz. —No debes envidiarme, Goldmundo. No existe la paz que tú imaginas. Cierto que existe la paz, pero no una paz que more en nosotros permanentemente y que jamás nos abandone. Sólo existe una paz por la que hay que luchar sin desmayo y cada día. Tú no me ves combatir, tú ignoras mis luchas en el estudio y el oratorio. Y está bien que las ignores. Únicamente ves que estoy menos sujeto que tú a los cambios de humor y crees que eso es paz. Y en realidad es lucha, lucha y sacrificio como toda vida verdadera, como la tuya también.
Hermann Hesse, Narciso y Goldmundo, Traducción de Luis Tobío, Edhasa, Col. Diamante, 2007 (pp. 336-337)

4 Comments:

Blogger Rafael-José Díaz said...

Qué bien, amigo Régulo, ver que citas "Narciso y Goldmundo", de Hesse, una de esas obras (poco abundantes, me parece) que uno lee y permancen dentro para siempre.

05 octubre, 2010 14:32  
Blogger Régulo Hernández said...

Gracias, Rafa, por tu visita. He leído la novela recientemente, recomendación de nuestro amigo P.L. ¡Ay, cuánto he aprendido de estos amigos!¡Y qué poco he sabido corresponderles!

07 octubre, 2010 18:43  
Anonymous Anónimo said...

Así es —prosiguió Narciso—. Las naturalezas de tu tipo, los que tienen sentidos fuertes y finos, los iluminados, los soñadores, poetas, amantes, son, casi siempre, superiores a nosotros, los hombres de cabeza. Vuestra raíz es maternal. Vivís de modo pleno, poseéis la fuerza del amor y de la intuición. Nosotros, los hombres de intelecto, aunque a menudo parecemos conduciros y regiros, no vivimos plenamente sino de modo seco y descarnado. Es vuestra la plenitud de la vida, el jugo de los frutos, el jardín del amor, la maravillosa región del arte. Vuestra patria es la tierra y la nuestra la idea. El peligro que os acecha es el de ahogaros en el mundo sensual; a nosotros nos amenaza el de asfixiarnos en un recinto sin aire. Tú eres artista y yo pensador. Tú duermes en el regazo de la madre y yo velo en el desierto. Para mí brilla el sol y para ti la luna y las estrellas…
Espero le guste poeta.

09 octubre, 2010 22:18  
Blogger Régulo Hernández said...

Gracias, amigo anónimo, a ver si algún día nos vemos a la sombra de tus "pandanus utilis".
Un abrazo.

12 octubre, 2010 19:26  

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