martes, 21 de diciembre de 2010

El anciano

Han llegado los días de oscuridad y pesadumbre...
Tus propios achaques, los padecimientos de tus seres más queridos, el frío y las tinieblas de la senectud... Todo aquello que amaste, a lo que te entregaste sin reserva, se destruye y se derrumba. Tu camino va cuesta abajo.
¿Y qué hacer? ¿Afligirse? ¿Apesadumbrarse, acaso? No te servirá de ayuda ni a ti ni a los demás...
Un árbol viejo y sarmentoso suele tener la hoja más menuda y rala, pero conserva su verdor.
Quédate, pues, tú también, encogido y ensimismado en tus recuerdos, y muy dentro, en lo más profundo de tu alma abstraída, volverás a contemplar el esplendor de tu vida pasada, que se abrirá sólo para ti en toda su fragancia y tierno verdor, esplendor y embeleso de tu primavera.
Pero ten cuidado, pobre anciano... ¡no mires adelante!
Julio de 1878.
Iván S. Turguénev, Poemas en prosa
Traducción de María Sánchez Puig.
Rubiños-1860 S.A. Madrid, 1994.