martes, 23 de agosto de 2011

Papeles falsos

Recordar, dicen los etimólogos, significa "traer de nuevo al corazón". El corazón, sin embargo, no es más que un órgano desmemoriado que bombea sangre. Es mejor no recordar nunca nada. También es mejor leer como un lector olvidadizo que, habiendo soslayado temporalmente el final, goza cada momento del recorrido sin esperar la indulgencia de un final que ya conoce. Recordar, releer: transformar el recuerdo: sutil alquimia que no concede el don de reinventar nuestros pasados.

Valeria Luiselli, Papeles falsos, (VIII. Mudanzas: volver a los libros), sexto Piso, Madrid-México, 2010, p. 87

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domingo, 21 de agosto de 2011

El lector

Enamul Hoque, de la serie Because of Hammershoi
Si fue todos los libros que leyó, si durante el tiempo de cada libro de doctrina fue la prosopopeya o exaltada o airada de la idea magistral que en él se defendía, si de todas las novelas fue el héroe de la novela, entonces él es ese defecto que requieren como condición previa semejantes metamorfosis; es esa defección que rige el trueque. Él es esa desaparición.
***
Quienes no escribieron, y que sin embargo se habrán pasado la existencia entre libros, quienes conocieron como única pasión, como profesión también, esa especie de estupor que provoca la lectura, -que la nada, las quimeras retribuyen-, quienes prescriben el silencio son tal vez los únicos de entre nosotros cuya mención deba estar ausente. ¡Que los ampare el olvido!
Pascal Quignard, El lector, Cuatro.ediciones, Trad. de Julián Mateo Ballorca, Valladolid, 2008 (pp. 29, 31 y 32)

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